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CRÍTICA DE "BEOWULF"


Crítica elaborada por Néstor García
Tomada de :www.deformacionprofesional.org


Los errores del pasado, o lo que es lo mismo, follarse a un demonio como Angelina Jolie, te condenan el futuro, o lo que es lo mismo, te hacen rico, con un harén para ti solito y tan famoso y respetado que te recordarán por siempre (con lo difícil que es eso). Así ¿quién no se hace pecador?
Beowulf (2007) de Robert Zemekins, nos narra la historia de este héroe homónimo, de como llega para salvar a un pueblo asediado por una maldición, dragones, demonios y monstruos; y como estos le harán sucumbir, o puede que no, a él. La película está basada en un famoso poema épico inglés del siglo VI que lleva el mismo nombre .
Lo más sorprendente del filme es su acabado técnico. La película está rodada en Performance Capture, que consiste en capturar primero los movimientos, gestos faciales y corporales de los actores para digitalizarlos posteriormente en el ordenador. Así, veremos caras conocidas como las de Anthony Hopkins, Angelina Jolie y con una caracterización genial a Jonh Malkovich. Lo cierto es que cuesta adaptarse en un principio al formato y, tal vez, el director no ayude a ello. Pero pasados cinco minutos, no podremos hacer otra cosa que maravillarnos.
Maravillarnos por que la película rezuma una belleza genial y un acabado notabilísimo. Y el director comienza a ayudar con golpes efectistas de lo más acertados y una técnica ágil y muy dinámica. Puede que lo mejor se encuentre en como están rodadas las escenas de acción, encabalgando unos planos con otros haciendo que la escena sea mucho más fluida, coreográfica y con menos cortes (lo que tiene la animación y muchos olvidan).
Hemos dicho notable, que no sobresaliente, porque la animación decae en momentos puntuales, como la cierta rigidez de algunos de los personajes, la carrera de Beowulf ante el dragón (un plano precioso pero un movimiento ridículo) y las siempre difíciles de animar, cabalgadas de las monturas.
Y sin embargo, esto se borra gracias a lo explícito (muchas veces implícito) de un gran número de escenas. Por un lado, las escenas de acción, se cobran sus víctimas, sangre, decapitaciones... sin resultar estas groseras. Un gran aplauso se merece ese partimiento en las sombras homenaje al expresionismo alemán.
Pero la escena reina de como mostrar algo directamente y sin embargo enmascararlo con todo tipo de juegos metafóricos es la escena de sexo (¿¿Qué?? ¡Yo no vi ninguna escena de sexo!). Tranquilos y, niños y puristas, tápense los ojos. El encuentro entre Jolie y Beowulf rezuma cantidad de alusiones sexuales, tanto por palabra como por obra y omisión (que evangélico me he vuelto; será para compensar). Las de palabra por resultar demasiado obvias nos las saltamos. Pero ¿qué me dicen de la penetración con la espada? Y por supuesto, como acaricia con ambas manos el filo de la hoja hasta que esta se derrite en un líquido viscoso (ejem, yo no quiero decir nada). Muchas veces es más interesante y por supuesto inteligente, sugerir pero no mostrar. Y encima esta escena de tanta carga sexual se humoriza con una cabeza decapitada que sobrevuela el ambiente (genial).
Sin embargo, sugerir pero no mostrar en un guión es algo que puede salirte mal. Vayamos por partes. El guión es correcto y en muchos aspectos sobresaliente. Como mezcla la farsa y la realidad en toda la película es uno de los mejores puntos de la misma. Por un lado, la temática del honor y el saber contar buenas historias para mantenerlo. Por otro, como la realidad de dragones, demonios... resulta verosímil dentro de la vida cotidiana. Y por ello farsa y verdad se entretejen en una trama que conforma una realidad que vemos como aceptable (aunque a toda vista cabe que no podría serlo). Se destaca pues la escena del soldado que desea matar al rey por hacerse famoso y como este decide no condenarle para que cuente su historia, para que esta quede grabada para todos los mortales hasta el final de los tiempos.
Esto nos muestra la personalidad ambigua del héroe. Por un lado maldice la maldición que supuestamente le condena, por otro la asume, la desea y puede llegar a morir por ella. Aquí creo que Zemeckins se aleja de la moralina que le quieren atribuir, más que con un mensaje de que tus pecados pasados pesarán y volverán para vengarse, es más bien, si sabes mentir y la gente lo acepta puedes hacerte, rico, famoso y encima no ser malo, sino resultar ser un héroe. Y esto queda ejemplificada con una simpleza efectiva en los dos reyes del filme: el primero gordo, borracho y bochornoso; el segundo atlético y aunque también mujeriego y de otras cualidades deleznables propias del cargo, sentido, heroico y sufrido.
Una de las mejores apuestas del filme es su final abierto, que no resulta tan efectivo como otros, pero que al menos huye de caer en el estricto canon Made in Hollywood. Y es esa idea del eterno retorno inacabado. Como una vida se repite, y se repite y es probable que en un futuro vuelva a repetirse. De como la historia y el poder tiene tendencia a tropezar con la misma piedra y caer al suelo de una forma similar aunque, tal vez, con distintos matices.
Sin embargo todas las cualidades geniales del guión las ensombrece un salto temporal que cree que sugiere más de lo que en realidad ha hecho. Así, perdemos el hilo de porqué unos personajes han roto sus relaciones, de cual es la personalidad de los protagonistas, de porque aparecen personajes de la nada sin ningún tipo de sentido (el caso de la niña que se trajina el rey o peor aún, el del hijo escupe fuego del rey). Podemos justificar todas las omisiones por aquello del eterno retorno, pero es que no hay apuntes dentro del texto fílmico que nos lo digan.
Aún así nos encontramos ante una épica espectacular, muy divertida y que salvo fallos puntuales en muchos aspectos, sabe mantener los ojos en la pantalla y las palomitas en el estómago.