Gonzalo Valencia:


Gonzalo Valencia:


PURA MELOMANÍA LICENCIADA


Texto y fotos: Javier Barrero.

lemuroculto@yahoo.es



Principios y mediados de los 60’s. El mundo vivía momentos difíciles, la guerra fría polarizaba el mundo: de un lado estaban los capitalistas, al mando del todopoderoso Tío Sam y del otro los rojos, que veían en la entonces Unión Soviética la justicia que merece el ser humano. Eso ya es historia. Por este lado del planeta la juventud experimentaba con la palabra revolución, revolución que apenas en 1959 había cambiado el rumbo de una isla como Cuba, antiguamente considerada un burdel para los norteamericanos. El Che Guevara y Fidel Castro eran nombres que poco a poco calaban. Musicalmente apenas se escuchaba Rock’ N Roll que algunos artistas latinos se atrevían a tocar, ya que, según la moral de la época, era una música que ‘incitaba’ al sexo, al alcohol, a la perversión. Nada más absurdo. Sandro, Palito Ortega, Nino Bravo, eran cantantes que se hacían notar. En un ambiente así, escuchar Rock no era precisamente una elección ‘Apropiada’.


Con todo y eso, Gonzalo Valencia creció escuchando la Nueva Ola, gracias a un vecino que ponía esos lps. El Chilo se hacía llamar el samaritano musical. Además de los ídolos latinos, se escuchaban bandas en inglés, de puro y auténtico Rock: Sweet, T Rex, Gary Glitter, Led Zeppelín, sólo por nombrar algunas.


En 1972 ingresa a bachillerato. En este momento de su vida las inquietudes que habían generado en él los sonidos del rock, empezaron a disiparse. Nuevos compañeros que ya escuchaban rock le facilitaron material, ahora tenía en sus manos Ten Years Alter, Grand Funk, Black Sabbath, Deep Purple, Mayblitz y otros genios más. Con toda esa sobrecarga de música nueva para sus oídos, el paso lógico siguiente era investigar un poco sobre el origen, las letras y el contexto del rock. A pesar de que el rock ya era básico en la vida de Gonzalo Valencia, la salsa, género fuerte en América Latina, le llevaba años luz. A fin de cuentas el rock es una música para una élite.


Los años universitarios lo llevan a explorar con subgéneros del rock, esta vez es el progresivo el que centra su atención y al cual le dedica bastante tiempo para escuchar. En 1978 conoce a Pink Floyd por su trabajo “Dark Side of the Moon”, combinaba largas jornadas de estudios de Licenciatura de idiomas en la Universidad Pedagógica con sesiones llenas de rock progresivo creado por Jethro Tull, Yes, Emerson, Lake and Palmer y King Crimson. ¿El resultado? licenciado de idiomas melómano. Cerca de 11 mil acetatos y tres mil cds lo certifican.


Decidió incursionar en el mundo de la radio. Trabajó como control master en Todelar, de ahí a la 19. Ya la calle 19 se estaba convirtiendo en el eje de la escena rockera bogotana. Ahí se podía negociar música, instrumentos y organizar conciertos. En 1986 ya era parte del paisaje de esta zona, se vincula a las famosas casetas.


Abbey Road” fue el primer local en el que trabajó como administrador. Cerca de ocho años trabajó ahí. Luego montó Gonz and Joss, un local en sociedad con José “El sastre”. Dos años duró este proyecto. Alguna vez soñó ser músico, hizo las veces de bajista en “The Kids”, un grupo que no pasó de ser un anhelo de amigos de barrio. Ya con cierto nombre dentro del mundo del rock capitalino, colaboró como fotógrafo oficial en los inicios de la Pestilencia.


Después de Gonz and Joss vino Rolling Disc, su almacén actual. Precisamente el acercamiento con las bandas a través del almacén lo llevó a producir el material de algunas bandas, entre ellas Acutor y Tenebrarum. Productor ejecutivo, no musical. Ejecutivo es quien financia el proyecto, musical, el que direcciona técnica y sónicamente al grupo. Por si fuera poco, también ha hecho el papel de empresario musical (Siempre en sociedad): Napalm Death (La primera vez), Kreator (La primera vez) y Therion (La primera vez). De este último toque hay que decir que es el único internacional que se ha hecho en dos fechas seguidas.


Hace unos siete años también le dio por financiar la publicación de “La Enciclopedia de la Música Pop en Español”, proyecto que en su momento se movió bien y del cual conserva algunas copias. Hoy en día reparte su tiempo entre su familia y el almacén. Su familia, no la de nosotros. De ella comparte con los demás apenas poco. Así debe ser.


Cuando habla sobre el rock y el metal nacional no oculta su alegría, después de todo, comparado al mercado de hace unos 20 años, el mercado actual nacional ofrece más y mejores cosas. Atrás quedaron los tiempos en los que ver en la vitrina de cualquier tienda de música material nacional era casi un milagro, hoy la oferta nacional es inmensa. Con el respectivo uso de la tecnología, las bandas colombianas entran a competir en el reñido mercado de la venta de material cidigráfico (Por discográfico, con el perdón de los más puristas lingüistas), con buenos argumentos. Aunque merodean todavía dinosaurios que con sus largas colas se resisten a cambiar su amado acetato por un pequeño círculo. La era actual no alcanzó a extinguirlos. Veneran el vinilo. Bueno, veneramos.


A grandes rasgos es Gonzalo Valencia, un espectro que ha deambulado en el rock siempre con la idea de que la música por encima de cualquier cosa alimenta el alma. No es el único.