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El Empalador


Vlad Tepes fue uno de los tres hijos legítimos de Vlad "el Diablo", príncipe de Valaquia (antiguo principiado danubiano, que formó con Moldavia el resto de Rumania). El viejo Vlad se ganó de forma sobradamente merecida el mote de "Dracul" (Diablo) por su crueldad, que heredaría su hijo posteriormente. El nombre Drácula tiene sus orígenes en la Orden del Dragón, que fue concedida al padre de Vlad por Segismundo, el Sacro Emperador Romano, en el castillo de Nuremberg en el año 1431. (La insignia de la Orden del Dragón era una serpiente halada, que también es un símbolo muy usado para representar al Diablo tanto en el folclore como en el arte rumano. ) Se desconoce la fecha de nacimiento de Vlad Tepes (hijo), aunque se estima que pudo haber acontecido sobre 1428, en la ciudad de Sighisoara, Transilvania. (La mansión de su padre se ha conservado hasta nuestros días). Su apodo, por el que más se le conoce, en realidad es el de Draculea, puesto que en rumano la terminación "ulea" significa "hijo de", por lo que podríamos traducirlo como "Hijo del Diablo".

Reinó como príncipe de Velaquia en 1448 y de 1456 hasta 1462, y finalmente en 1476, el año de su muerte. El pueblo le apodó también "Tepes" (Empalador), por ser la clase de pena capital que aplicaba con extrema prodigalidad. En aquellos tiempos el trono de Velaquia estaba amenazado desde el exterior por turcos y húngaros, y en el interior por nobles ávidos de poder, que luchaban entre sí con bestial ferocidad. La infancia de Vlad fue muy difícil. Fue educado como cristiano en Transilvania, pero su padre le dejó como rehén entre los turcos cuando sólo tenía trece años, viéndose rodeado de gente con un lenguaje, unas costumbres, y una religión que no comprendía. Los padres de Vlad volvieron a Rumania dejándolo en Turquía a modo de promesa de que no les atacaría. Estuvo prisionero allí desde 1444 hasta 1448, cuando le llegó la noticia de que su padre había violado la promesa hecha al sultán turco, lo que significaba que estaba poniéndolo en peligro de muerte. Finalmente el sultán decidió no matarle, pero sí utilizarlo como peón en sus planes y negociaciones diplomáticas. Vlad Drácula acabó consiguiendo hacerse con el poder en el sur de Rumania gracias al apoyo de los turcos en 1456, y gobernó hasta 1462. En ese tiempo se las arregló para matar a unas cien mil personas, y considerando que por aquel entonces toda la población del reino sólo ascendía a quinientas mil personas, no cabe duda de que fue uno de los peores asesinos de toda la historia. Incluso después de 1462, cuando se encontraba prisionero en una celda de Budapest por orden del rey húngaro Matías, se dedicaba a capturar ratones a los que torturaba y empalaba en palos. También sobornó a algún carcelero para que le comprasen pájaros en el mercado y se los trajeran, después de lo cual les arrancaba las plumas y se divertía mirando como revoloteaban frenéticamente para intentar remontar el vuelo. Cuando se hartaba de ellos, los empalaba. En 1476, Matías volvió a colocar a Tepes en el trono de Rumania. Durante una batalla con los turcos que tuvo lugar a finales de ese año, éstos le sorprendieron desprevenido y con una tropa de tan sólo 200 hombres, y una emboscada acabó con su vida, siendo decapitado posteriormente. Su cabeza fue enviada a Estambul y exhibida públicamente a modo de escarnio.

Una de las historias que se cuentan sobre Drácula era que tenía por costumbre cenar rodeado de muertos y agonizantes. El príncipe disfrutaba mojando su pan en la sangre de sus víctimas, que recogía en cuencos para tenerla disponible en su mesa. Después se comía el pan ensangrentado. En una ocasión, unos embajadores extranjeros fueron a visitarle y no se quitaron el sombrero delante de él, entonces Tepes furioso ordenó que a sus criados que les unieran los sombreros a la cabeza con clavos. También destacaba por su sentido del humor extremadamente macabro, pues en cierta ocasión mientras cenaba con un noble, entre sus víctimas empaladas, éste no podía soportar el olor de los cuerpos en descomposición y se tapó la nariz con la mano. A Tepes le pareció una falta de educación imperdonable, y ordenó que lo empalasen en una estaca muy alta, con lo que el invitado quedó clavado en la estaca muy por encima de las otras víctimas, diciéndole: "Muy bien, tu problema está resuelto, ahora estás suspendido entre las brisas más frescas y limpias ya que no tienes que soportar la pestilencia de estos cadáveres que se pudren aquí abajo..." Fue un acérrimo defensor de la ley y el orden, y durante su reinado nadie osaba robar, por que fuese cual fuese el grado del delito, Tepes los castigaba a todos por igual con la pena de empalamiento. Su razonamiento era que si se permitía que los pequeños delitos quedaran impunes la gente poco a poco se iría animando a cometer crímenes más serios.

CONTINUARA……

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