Joe Satriani acarició su guitarra en el Jockey Club del Perú


El extraordinario guitarrista Joe Satriani acarició su guitarra en el Jockey Club del Perú y sacó de ella melodías que fueron un goce insaciable para los asistentes. Si alguien puso en tela de juicio su calidad, ayer el estadounidense rompió las dudas con sus obras de arte.

Alguien dijo, en pleno concierto, que sentía un orgasmo mental al cerrar los ojos escuchando "Flying in a blue dream". Yo le respondí que fue un placer interminable sentir cada onda sonora, y que hasta ahora se me escarapela el cuerpo cuando recuerdo los acordes de Joe 'Satch' Satriani, el guitarrista instrumental de rock que ha recibido 13 nominaciones a los Premios Grammy y ha vendido más de 10 millones de discos en todo el mundo. ¡Estuvo en Lima!

 

Cambiando de guitarra cada dos o tres melodías, anunciaba que era lo que venía, no sin antes agradecer al respetable por las muestras de admiración que recibía, con una humildad indescriptible. Joe hablaba con su guitarra y el público lo obedecía, alzaban las manos, inventaban letras para cada tema y deliraban cuando parecía tejer las cuerdas de su guitarra,  con la técnica del 'tapping' a dos manos, que la dominaba como nadie.

 

Con su tema 'Surfing with the alien' hizo saltar al respetable que parecía quedar suspendido en el aire  con cada 'volume swells' o 'sweep picking' que soltaba. ¡Es arte hermano! Decía un tipo a mi costado. Joe parecía no mirar a nadie con sus gafas de sol, pero sonreía al sentir las vibras de la gente. Se movía con una luz interminable, paseaba por el escenario. El Jockey Club era suyo y la gente se entregaba a los acordes de su guitarra.

Cuando el público estaba extasiado y solo sentía la música el buen Joe soltó una leyenda de canción, haciendo recordar que se utilizó en una película y muchos la revivieron en el aire, como si vieran las imágenes con sus oídos al escucharla. Ya nadie dudaba de la promoción de los carteles. "El mejor guitarrista de rock del mundo", que soltaba sus melodías como en los discos, como si estuviera en una sala de grabación al aire libre.

Al final, cuando las uñas volaban para los cazadores de recuerdos, cuando el recital se extinguía, el cuerpo seguía vibrando, y los asistentes no me dejarán mentir, el cuerpo hasta ahora vibra. Gracias a un grande.

Por: Óscar Moral García

Fuente: RPP noticias